domingo, 24 de febrero de 2013

Pupitre

Pupitre

Al día siguiente, reunieron a todo el curso en el auditorio. El director, junto con los tutores de ambas clases, narro lo sucedido el día anterior y las consecuencias de quienes participaron. Suspendieron a la mayoría de las chicas durante varias semanas. También habían decidido unir las clases por un tiempo. La gran mayoría se quejo. No aceptaban la decisión de los profesores. Sería un fastidio. Les dieron un nuevo horario provisional. Más quejas. Después les mandaron a recoger sus cosas. Los cambiaban de aula.


Cargaba con sus cosas: La cartera colgada en el hombro y los libros, los cuadernos y el estuche en columna en sus manos. No aguantaba más. Pesaba un quintal o como una ballena según Obito. Lo tenía a lado quejándose de lo lindo. Resoplo agobiado. El director los había guiado hasta allí. Se vieron obligados a esperar. Llevaban quince minutos. No lo era. Solo eran unos escasos minutos. El tiempo se les ralentizo bastante. El milagro se obro. El profesor Minato llego apurado con las llaves del nuevo lugar.

-Lo siento chicos.- Se disculpo.- No encontrábamos las llaves.- Se las enseño y abrió la puerta. Los chicos se agitaron. Querían entrar cuanto antes.- ¡Calmaos! ¡Esta vez no! Os iré llamando de uno en uno.- Se enmudecieron unos cuantos.- Os diré donde os sentareis. Empecemos por…- Miro a todos con cuidado.- ¡Hatake! Tu primero, ve a primera fila junta a la ventana.

No protesto. Avanzo despacio y con cuidado. Sorteo a sus compañeros apiñados en la entrada. Logro entrar con dificultad. No soportaba más el peso. Los dejo caer sobre el nuevo pupitre. Las manos le dolían. Las tenía rojas. Las dejo reposar. Se sentó relajado. Tras un rato de descanso, metió las cosas en el cajón y se puso a leer mientras tanto. Aun quedaba parte de sus compañeros para que entraran y se colocaran en sus asientos asignados.

Vio entrar a Obito. Le habían mandado sentarse en el otro extremo. Lejos de él. Seguía protestando por todo. Rio ante la actitud infantilona de su amigo. Por mucho que se quejara. No le harían caso.

-Monioka al lado de Hatake. ¡Ya! – Su alegría se esfumo al escuchar eso.

Su enemigo, ella, se acercaba hacia donde estaba él sentado. Como aquel día en la biblioteca, se alejo por instinto. Ella iba ser su compañera de pupitre. Miro enfadado al tutor. Este le sonrió como si no supiera su conflicto.  La guerra iba estar garantizada. Ella lo miro de forma siniestra. Le entro miedo. Iba ser una tortura hasta las vacaciones.

Lo fue las primeras horas. Cuando atendía las explicaciones del profesor y perdía de vista su cuaderno. Este se veía con dibujos por todas partes. También algunos de sus apelativos. Eran a lápiz. Por lo menos podía borrarlo. Era un hábito de ella, dibujar en su cuaderno y en el de los demás. Se le daba bastante bien. Eso no podía negarlo. A parte de algunas cosas que le irritaba. Le repateaba verla terminar los ejercicios de matemáticas al cabo de diez minutos. Aparte de algunas cosas. A veces se sentía bien cuando ella intentaba hacer los ejercicios de algún idioma. Se le daban fatal.

En uno de los descansos, ella desapareció. Supuso que iría al baño. Se puso pancho por poco tiempo. Se acercaba alguien, la nueva. ¿Vendría hablar con él? Nunca lo ha hecho. Tan solo en pocas ocasiones para preguntar. Iba hacia él con un taco de folios.

-Hatake, ¿Podemos hablar? – Traía cara de pocos amigos.

-Si…- Alargo la palabra.- ¿Sucede algo Araki?

-No, no pasa nada. He visto el problema desde mi sitio.- Señalo.- Te traía folios. Déjalos entre Yu…, Morioka y tu.- Le explicaba el truco.- Dejara de dibujar en tu cuaderno.

-Si  a mí ni me importa.- Borro parte de la obra de arte de su cuaderno.- Es a lápiz.

-Siempre empieza así las primeras horas.- Le dejo folios. Luego se pasa al bolígrafo o rotulador.- Él frunció el ceño. ¿Cómo podía saber eso, si está en su clase? Vio su duda en el rostro.- Me lo hace a mí en la clase optativa. Me harte un poco de sus dibujos y busque alguna forma de que parara. Es imposible.- Dio un golpe en la mesa. Él pego un bote.- Fue a preguntarle al profesor Minato y me dio esa solución, la de los folios.

-¿El profesor Minato?- No tenía lógica. Se negó.- ¿Por qué te dijo eso?

-Por que la conoce. Porque es su tío...- Le soltó unos cuantos porqués más. No le prestó atención.

La bruma en el misterio se desvaneció. Todo empezó a encajarle. El porqué ella sabía donde él vivía. ¿Por qué? Ahora tenía más dudas. ¿Estaría ella espiándolo desde la casa de Minato? Era su vecino…

-Gracias por decírmelo.- Guardo los folios en el cajón.- Se los iré dejando ahí.

-Vale.- Se encogió de hombros.- ¡Uy! ¡Que viene! –Fue hacia su sitio, pero de camino fue callejeada por ella.

Cogió un par de folios. Los dejo a su lado.  Saco los libros de la siguiente asignatura y se preparo. Ella regreso tras echarlo una pequeña bronca a Araki. Miro los folios frunciendo el ceño. Los rechazo alejándolos de ella. Tapo los bolígrafos con sus respectivos tapones. Los guardo en el estuche. Él no entendió aquel comportamiento. Por si acaso los dejo ahí. Igual los usa en cuanto se le pase el cabreo.

En las últimas horas, las utilizo todas, el taco entero. No tenía más. ¿Qué haría? Nada. Ella estaba distraída leyendo el temario y subrayando. Tendría un poco de paz. Mientras durase. No tenía más que hacer. Había terminado los deberes y su libro. Se sabía la lección del día. La hora de estudio se le haría muy larga. Se acomodo en su asiento. Lo único que podía hacer es echarse una siesta. No le iban a decir nada.

Ella se dio cuenta. Lo tenía todo preparado, su plan de venganza. Saco el bolígrafo rojo. Lo destapo despacio, sin hacer ruido o despertaría. Se acerco poco a poco a su rostro. Le iba a pintar un bigotillo. Se lo merecía. Antes de que la punta tocara su piel, exploto. La tinta le mancho las manos y a él parte de su camisa. Él abrió los ojos al notarlo. En realidad no estaba durmiendo. A lo lejos hubo revuelo y gritos.

-¡Lo ha matado!- Chillo bien alto Obito.-  ¡Asesina!- Todos lo miraban con cara de espanto.- ¡No lo descuartices!

Ellos dos se giraron. No sabían cómo reaccionar ante la dramatización del chico.

-¿Qué dices, Obito?- Pregunto sin saber porque tanto drama. Se aburriría.

-¡Lo he visto todo!- La señalo a ella.- ¡Aun tiene el cuchillo en la mano! ¡La he visto clavándotelo!

-¿El boli?- Contesto ella. Se aguantaba la risa.

-¿Es un boli?- Rio como un sicópata.- ¡Un boli! – Lanzo su cuaderno al aire. Le dio en la cabeza.- ¡Au!

Toda la clase se rio. El profesor no presto atención a la situación. Lo mando fuera del aula. De igual manera, a ellos dos, los mando ir al baño a limpiarse. Salieron con normalidad. Eso dieron a entender….

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