sábado, 2 de febrero de 2013

Maquillaje y Pelea

Maquillaje y Pelea 


La expresión de su rostro era todo menos de asombro. Su teoría por los suelos. Su amigo, Obito, no había resultado ser el artífice de ese rumor, sino esa chica llama Rin. Tampoco sabia quien era o si la había visto o estuviera en su propia clase. Abrió la boca para decir algo y nada. No tenía palabras. Para el colmo era que peor enemigo esperaba alguna respuesta. Ella empezaba a impacientarse ante su silencio. La arrojo una piedra.
 
-¡Eh!- Le había alcanzado.- ¡Estas loca! ¡Me has dado en todo el ojo! ¡Me va quedar marca!
-¡Al fin! – Exclamo.- Te habías quedado pasmado ahí.
-¿Y?- Lo había cabreado.- ¡Adiós! – Cerró la ventana de golpe.
-¡De nada, eh! –Escucho a fuera.

-o-

A la mañana siguiente tenía el ojo morado. ¿Qué le diría a Obito? Alguna mentira como a sus padres. Que había tropezado y se había dado contra algún lado. También se lo contaría así quien se lo preguntase. Se desanimo un poco. Ahora seria la comidilla de clase. ¿Qué rumor propagarían ese mismo día? Se vistió con el uniforme como de costumbre y salió para el colegio.

No se encontró con ningún conocido por el camino. Solo se encontró con alguno profesor que le pregunto por el asunto. No le pusieron ninguna objeción. Era normal tener esa clase de accidentes domésticos. Además los profesores no le tenían por un chico problemático. Ni  nada por el estilo. Como había llegado demasiado temprano y las clases no estaban abiertas. Fue a la biblioteca a repasar los ejercicios.

Se sentó en una de las grandes mesas cercanas al ventanal. Veía llegar a sus compañeros desde allí. De mientras leía un libro. ¿Quién seria de todas esas? Aparto la vista de la ventana. Prefería mantener la mente ocupada en la lectura. Las letras se la amontonaban entre párrafo y párrafo. No logaba mantenerse centrado. No leerse por lo menos unas diez páginas. Cerró el libro de golpe. Luego se llevo un buen susto. Su primera reacción fue arrastrar la silla hacia atrás y poner cara de asco. Ahí estaba ella frente a él.

-¿Cómo? – Señalo en dirección a la puerta de la biblioteca.- ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
-Lo justo para verte perder los papeles.- Saco un bote de su mochila.- Para ti, - Se lo dejo en la mesa.-  te tapara eso. – Se refería a su ojo.
-Mmm...-Miro extrañado el bote.- No me fio.
-¡Agh! Eres… - Aguanto el impulso de insultarle. Fue ella quien abrió el bote.- ¡Ven aquí!- Él instintivamente se alejo. Podría ser cualquier cosa.- Solo es base para el maquillaje, hombre. ¿Quieres mas rumores?
-¡No! ¡No!- Se alarmo ante la idea. Otro rumor…- Pero… ¿Por qué?
-¿Por qué te ayudo? –Le agarro de la corbata para acercarlo.- No seas niño, tonto.- Le esparció la base alrededor del ojo.- A lo de antes. No lo sé.
-¡Ah!- Estaba como una piedra, inmóvil en su sitio.- Tu… sabes…. ¿Quién es esa Rin?
-¿La del rumor? – Le faltaba un poco para terminar.- Si… No está en tu clase. Si eso te preocupa. Está en la mía.- Se aparto y cerro el bote.
-Gra…-Se le atragantaba la palabra.- gracias.

Ella se le quedo mirándolo fijamente a los ojos. Le había sonado raro. Frunció el ceño y se fue por donde había venido negando algo inexistente. Él no lo entendió. ¿Qué había pasado? Le entro un escalofrió. Entonces el timbre sonó de repente. Llegaba tarde. Recogió sus cosas y salió corriendo. Paro. Se le olvidaba algo, el bote. Lo cogió al vuelo. No podía dejar eso allí. Se lo guardo en el bolsillo y corrió más que en educación física.

Entro disculpándose por su tardanza. El profesor pasó por alto el asunto. Ya le habían informado de donde estaba. Le ordeno sentarse. Todos lo observaban y cuchicheaban. Los ignoro. El profesor puso orden. Después empezó a impartir su clase. Cuando les daba la espalda. Todo el mundo hacia lo que quería. Ese día se lanzaban papelillos. A él le llego uno. Lo encontró dentro del cajón de su pupitre. No ponía de quien era, solo su nombre. Aquella caligrafía parecía de chica. Sospecho o tuvo idea alguna de quien procedía. Su amigo, a lado, le tiraba de la manga para ver que había escrito. Desdoblo sin hacer ruido el papel. No había nada escrito. Hasta que se fijo bien. Había trazos en el, pero no visibles. Con el lápiz, mancho el papel y salió a la luz lo escrito, una palabra: “Capullo“.

Su amigo, Obito, no aguanto la risa. Lo golpeo en el costado. Le susurro algo al odio. Su cara alegre cambio a una más seria. Abrió el libro de la asignatura y atendió al profesor. Tampoco le había dicho nada del otro mundo. Sino los días que faltaban para los exámenes. Por su reacción, era que no había ni empezado a estudiar. Arrugo el papel. Sabia de quien era, ella.

La tarde llego con rapidez. Solo le quedaban dos horas aproximadamente. La asignatura era Educación Física.  El peor momento para él. Porque los chicas de ambas clases, todas o casi todas, se le quedaban mirando. No las hacia ni caso, ni a ellas, ni a sus palabras. Las ignoraba y seguía a lo suyo. Hoy a los chicos les tocaba futbol. Por parte de las chicas lo desconocía.

El profesor les dividió en dos grupos, por clases. Mando a unos al campo y otros al banquillo. A él le toco lo segundo. Dio gracias por ello. No estaba realmente entusiasmado en jugar. Antes de eso, como de costumbre, todos calentaron articulaciones y músculos. También dieron un par de vueltas al campo.

Observo el juego de sus compañeros. Eran malísimos. Hacían trampas por todos lados. Se rio. Se habían picado por quienes metían más goles. Iban empatados al minuto veintitrés. Corrían de un lado a otro. Hasta que el profesor dio un toque de silbato. Había llegado la hora de descanso y cambio de jugadores. En ese rato, un grupo de chicas, muy pocas, unas diez, salían del gimnasio un poco agobiadas. Se acercaron al profesor a preguntarse o decirle alguna cosa. A lo lejos se escuchaba un jaleo procedente del gimnasio.

-Señor Kikutake, se ha montado una guerra campal ahí dentro.- Contesto ella. Él maldijo para sí. No había ganas de tener otra guerra allí, con ellos dos. La señorita Ichihara no ha mandado aquí y avisarle. Necesita su ayuda. No puede con ellas.
-Muy bien, quedaos aquí. – Se dirigió a ellos.- ¡Chicos jugar a lo que queráis! – Se escucho gritos de alegría.- Hatake estas al cargo. Enseguida regreso. Si llega la hora de cambiarse, marchaos.

Quiso gritar. ¿Al cargo de todos esos borregos? No le harían caso por muchos que les gritase. Además estaban las chicas. Una bomba de relojería era aquello. Alguno ya intentaba llamar la atención de ellas. Se hacían los interesantes. Ver su comportamiento era un espectáculo.- Se fue al otro extremo del campo a donde Obito. Este intentaba patear decentemente el balón. No lo logro. Miraba de reojo al grupito de chicas.

-Ella no está.- Dijo decepcionado.- ¿Qué ha sucedido?
-No sé a quién te refieres.- Sabia quien se refería. Se encogió de hombros y miro dirección a las chicas.- Debe de ser algo muy grave para hacer llamar al profesor Kikutake.
-¿Pero has visto la cara de tu enemigo, Kakashi?- Medio ahogo el grito- Parecía asustada. Esa impresión me dio a mí. Además dijo guerra campal. ¿A qué se refería? - Le paso el balón.
-A una pelea de chicas.- Lo intercepto.- No todas ellas son partidaria por lo que se ve.- Las señalo.- Ya nos enteraremos mas tarde.

Y se enteraron.

La clase transcurrió tranquila los quince primeros minutos. Luego, tras dar las instrucciones del ejercicio, la profesora las mando ponerse en fila. De una en una saltaron el plinton. Se rieron de sus torpezas. Algunas no llegaban a saltarlo. En el trascurso de la espera, hablaban de sus cosas. El tema de esa hora eran los chicos. La conversación empezó bien. Contaban sus comportamientos en clase y fuera. Después las cosas pasaron rápido. Insultos, empujones y por último la pelea. Causa se desconoce.

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