viernes, 13 de mayo de 2011

El demonio de mis pesadillas - 1º Primer Encuentro

Despierto en la noche sudorosa y nerviosa. Me levanto. Recorro el largo pasillo hacia el cuarto de baño. Al encender la luz. Veo la imagen de mis pesadillas en el espejo. Cierro los ojos para no verlo y desaparece. Abro el grifo. El agua cae. Mojo las manos en ella. Alivio un poco el sofocón, La cara, la nuca y el cuello. El agua se convierte en sangre. Cierro el grifo asustada. Salgo corriendo del baño. Sin mirar atrás. Me acuesto otra vez en mi cama. Pero las sombras de la noche no me dejan dormir. Así noche tras noche desde hace tres meses.  Ningún fármaco funciona. No lo aguanto. Quiero que acaben ya. Quiero dormir. Estoy  muy cansada. No rindo en nada. ¿Por qué? Me volví a dormir.

La manta se desliza poco a poco. Siento frio. Sin abrir los ojos intento taparme de nuevo. Cuando la encuentro noto una mano. Despierto por segunda vez con el corazón  a mil por hora. No hay nada. Suspiro tranquila. Otra jugarreta de mi mente. Me tapo hasta la cabeza. Una voz susurra mi nombre. Cubro mis oídos con mis manos. No quiero oírlo otra vez. Necesito dormir. Ojala llegue el día.
Ni cinco minutos durmiendo, el despertador suena. Lo apago de un porrazo. No aguanto su ruido. Voy al cuarto de baño. Intento no mirar al espejo. Abro el grifo de la ducha y mido la temperatura del agua con la mano. Perfecto. Dejo la toalla justo al lado de la ducha. Cierro la puerta.  El espejo se empaña con el vapor. Me desprendo de toda mi ropa. Entre en la ducha. El agua caliente caía sobre mi cuerpo. Llevándose con él los recuerdos de la oscuridad. Mis recuerdos se desvanecen. Paz. Silencio.
Un aliento en mi nuca. Un roce frio me pone la piel de gallina. Unas manos rodean mi cintura. No son las mías. Mi respiración se acelera. En casa solo estoy yo. Nadie más. ¿Quién? ¿Cómo? ¿Por qué? No puedo pensar. Cierro los ojos. Me repito muchas veces que no hay nadie tras de mí. Noto sus latidos. No era real. Es producto de mi imaginación. Toco sus manos. Solido. Era real. Esto me está asustando. Intento liberarme. No me deja. Se aferra más a mí. Cerró el grifo sin soltarme. No sé qué  hacer. No me deja moverme. ¿Qué quiere? Deslizo la mampara de la ducha, pero impide que lo haga. Entrelazo sus dedos con los míos. Beso mi mano. Con eso no me tranquiliza. Tengo frio. Quiero irme. Llegare tarde.

-De mi no escaparas.- susurro con dureza. Mordisqueo mi oreja.- Esta vez no te dejare.- beso mi cuello.
Se alimenta de mi miedo. Eso sonó a amenaza. Aun sigo con los ojos cerrados. Tengo miedo. Me asusta.
-¿Quién eres?- dije en voz muy baja.
-¡Ssh!- poso uno de sus dedos en mis labios, sin soltar mi mano.- Soy  el príncipe de las tinieblas.- olio mi cabello húmedo.- Te he estado esperando tanto tiempo.- divagaba.

Salto mi cintura. Se alejo un poco. Aun así seguía sujetando mi mano con fuerza. Volvió apresarme. Su otra mano sujetaba mi esponja. ¿Qué iba hacer?

-Te  ibas duchar. – Afirma. Movió la esponja de un lado a otro.- Vamos coge el gel. Quiero ver como lo haces.- su voz sonó dura y a la vez picara. Obligada cogí el bote de gel. La mano me temblaba. Lo puse boca abajo encima de la esponja.-  Mmm… está bien. Déjalo en su sitio. – obedecí.

Empezó enjabonarme con la esponja sobre mi abdominal. En círculos. Suave. Delicado. Subió hacia mis pechos. Le divertía aquel juego. Siguió subiendo hacia mi cuello. Así con todo las partes de mi cuerpo, menos una parte. Ahí paro.

-¿Quieres que siga?- no lo veía, pero sonreía.- ¿Qué dices?

Abrí los ojos. No quería. Me perdí en mis pensamientos. Vi sus manos del color de la porcelana. Una sujetaba mi mano y la otra la esponja. Me la ofrecía. La acepte. Insegura. Yo misma lo hice. Solté  enseguida la esponja. Volví a intentar soltarme de sus garras. La ducha se abrió sin ser tocada.

- No puedes. –Se aferro mas a mi.- Te falta el pelo.- Señalo el champú.- Déjame a mí. Échame un poco de eso.- Extendió la palma de su mano. 

Le puse el champú como quería.  Comenzó a masajear mi cuero cabelludo. Suave y delicado como antes. Midió el largo de mi pelo con los dedos. Lo peinaba. El jabón llego a mis ojos. Irritándolos un poco. Pero el agua que caía se lo llevaba. Me retiro el jabón de los ojos y aclaro mi pelo. Dejando mi pelo más brillantes y suave de lo normal. Volvió oler mi pelo.

-Mmm... . -Saboreaba mi aroma.- Frutos rojos. Mi favorito.- lo dijo con lentitud.- Quiero ver tus ojos.

Me volteo bruscamente. Mis ojos quedaron prendados de los suyo. Oscuros, profundos. La noche.  Su sonrisa era cálida y a la vez siniestra. El color de su pelo era hermoso. Plata. Era un dios de mármol vestido de negro. Recordé lo que me dijo antes al percibir su aura. Temblé de miedo. No de frio. Su abrazo era mortal. Derritió mi débil corazón y esclavizo  mi alma.

- No tengas miedo.- Susurro. Me tapo con la toalla.- No soy tan malo.- Miro hacia otro lado. Frunció el ceño. – Mi padre quiere verme.- Me miro a los ojos. Sonrió ampliamente. – Vamos.
- ¡NO! –grite. Le pegue con la unica mano suelta.- Yo no voy a ningún lado.
-Tarde. – rio malignamente. Me soltó con brusquedad.

Ya no estaba en mi ducha. La luz era tenía y oscura. Hacía calor. ¿Qué es ese lugar? Sera una cueva. Tiene toda la pinta. Había una cama, una cómoda, un espejo, un par de lámparas y mesillas, y un armario empotrado. El estilo era siniestro y negro. No me gusta. Di unos pasos. Mire todo con curiosidad. Él se encontraba cerca de la puerta. Escuchaba a través de ella.  Unas pisadas fuertes se acercaban allí. Cerró con el pestillo. Caí sobre su cama. La colcha era suave al tacto. Él me miro de reojo. Sus ojos parecían arder en llamas. Retrocedió unos pasos de la puerta. Las pisadas dejaron de sonar. Un gran golpe retumbo por toda la habitación. La puerta robusta era golpeada violentamente.  Él se acerco alterado hacia mí.

-Hijo, -Potente y aterradora voz retumbaba como el eco. Lo llamaba a él- ¡Kakashi!- Lo llamo con autoridad- ¿Qué deliciosa criatura has traído?

Lo mire aterrada. No entendía nada de lo que pasaba allí. A que se refería el hombre de fuera con deliciosa criatura. Me golpee la cabeza con el cabecero de la cama. Ahogue mi grito de dolor, pero el maldito cabecero hizo ruido.

-Hijo,  - retorcía el manillar de  la puerta- Abre la puerta. ¿Qué estás haciendo ahí encerrado? Sé que estas dentro.
-Mmmh… - me hizo señas para que no hiciera ruido.- Padre, aquí dentro no hay nada. –Mintió.- Ando moviendo muebles.
-Está bien.- se alejo de la puerta. Los pasos volvieron a sonar.- Cuando acabes, trae tu culo a la sala del trono.

Me lleve las manos a la boca por el pánico. El se acerco sentándose sobre su cama junto a mí. Me cogió de las manos. Las beso con ternura. Se aparto rápido. Fue hacia la cómoda. Abrió uno de los cajones. Rebusco en él. Bufo frustrado. Abrió la puerta del armario. Toda su ropa era del mismo color. Negro. Se metió dentro del mueble. No me atrevía a preguntar que buscaba. No tardo mucho en regresar. Traía con él un vestido. Poco apropiado para un hombre. Lo puso sobre la cama.

-Vamos ponte eso.- señalo a la prenda.
-No, ¡Quiero irme a casa!- le grite irritada. Ese lugar daba escalofríos.- Ese vestido es horrible

Se enfureció. Agarro mi cuello con furia. Echaba chispas. Me va matar. Lo sabía. Llore. No fue así. Aflojo su presión. Mi corazón iba explotar. Bajo su mano hasta la altura de mi pecho. Sintió sus latidos. Su ritmo. Su furia se calmo. Apoyo su cabeza en mi pecho. Parecía un niño pequeño. Me estrecho entre sus brazos. Ahora no me molestaba. Me tranquilizo de esa forma. Además se veía tan tierno. Seque mis lágrimas. Todo había pasado.  Su pelo olía bien. Lo acaricie.

-¡Que suave!- exclame.
-Mmh... . Esto sí que es suave.- Me quito la toalla y pellizco un pezón.
-¡Ah! – Me pillo de sorpresa- Mi toalla… - no alcance a sujetarla bien. La lanzo lejos.
-¡Sssh! Nos va a oír el ogro de mi padre.- dirigió su mirada hacia la puerta. – Él te haría cosas peores.- Pellizco una vez más mi pezón.

Jugueteaba con ellos. No se lo impedía. Me tenía en sus redes e hipnotizada. Le deje. Los mordisqueo. Saboreo. Se mordió el labio inferior. En esa habitación empezaba hacer más calor.

-Delicioso. – Se relamió.- ¿Y ahora? – sonrió lujuriosamente. – Aquí.- Su dedo índice acaricio mis labios. – Si… - Se acerco a unos milímetros de mi boca.- Lo estas deseando… - Sus labios rozaron los míos- ¿Quieres?- Lo susurro.
-¿El qué?- pregunte. Aunque sabía el que. Trague saliva. Se arranco la camisa. Dejaba ver su escultural torso. Cogió mi mano.
-Esto.- puso la mano sobre su pecho. Bajando con lentitud. Llego hasta su ombligo y a seguir bajando. – Ahí, ¿Lo sientes?
- Eh… Si… - Palpitaba a través de la prenda. Quería salir de su prisión. Mis mejillas se encendieron.
-Es tuyo.- Sus ansias le hacia enloquecer. Acercaba mas su cuerpo intentando el contacto.- Mi naturaleza es así.

Su deseo me invadió. Sus besos quemaban como brasas ardiendo. Mi respiraron se agito. Era adictivo. Sus manos recorrieron mis curvas. Exploraba todo mi ser. Rodee su cuello con mis brazos. Era puro fuego. Con suavidad nos recostamos sobre la cama. El beso se intensifico por un rato. Acariciaba mi muslo. Arriba y abajo. Una de sus manos se abrió paso entre mis piernas. Quería llegar. Aun no. La aprisione. Se dio cuenta. Ceso el beso.

-¿Qué pasa?- subió la mano forzosamente. Me beso una vez más. Sus dedos rezaron los pliegues de mi parte más intima. - ¿No quieres? – Se impregno de mi humedad.- ¡Oh! Es tu...- Negué. Me dio un pequeño beso en la frente.- Vergonzosa. – Sonrió con malicia. Entro en mi interior.- Ves no pasa nada.-estaba abriendo la caja.- Déjalo salir. –las movía buscando la llave. Desabroche su pantalón. -¿Qué haces pillina?- Miro en dirección de su entrepierna. Luego fijo sus ojos en los míos.- Te lo dije,  - se los arranco. No llevaba nada.- Sigue y seguirá siendo tuyo.- Agarro mi mano  y me guio hacia su miembro.- Tócalo.-Susurro varias veces. Tentador.- Te espera. ¡Hazlo!- Me incitaba. Lo toque. Parecía un clavo ardiendo.- Muy bien. Mueve esa manita. – No era consciente de mis actos.- Aah... Así… Si… Sigue… -Mordió mi labio. Provocador.-Lo haces bien… Quiero oírte.
-Tu padre…- tenía miedo.- Puede oírnos… aa…
-Ssh... Sé cómo... –lo gemidos se silenciaron con el beso

Con cada beso, caricia, movimiento…, me hundía en su oscuridad. Desato a la bestia de mi interior. No podía dominarme. Quería más. Lo quería a él. Ahora su juego paro. Se miro la mano. La tenía empapada. Lamio sus dedos. Le gustaba. Soltó mi mano de su parte.

-Toma prueba.- me ofrecía su dedo. Quería que probara mi propio jugo. Lo chupe despacio como si de un caramelo tratase. -¿Te gusta?
-Si…-Agarro mis caderas. Nuestras partes se rozaron. –Aaa… ¿Puedo?

Lo sabía. Beso mi frente. Me daba su aprobación. Cambiamos de posiciones. Él abajo, disfrutando de las vistas. Aunque desde mi altura, arriba, podía deleitarme con sus pectorales. Era perfecto y mío. Él me había desatado. Sujete su erecto miembro. El contacto era delicioso. Quería ver como se moría del deseo. Tocaba mi dulce venganza. Maliciosa.

-No me hagas esto.- Hacia puchero.- Yo no he sido tan malo.- rio. Se divertía. Apretó sus manos en mis caderas. Me sorprendió con su movimiento rápido. Entro dentro.- Mejor... Ahora…-  Subía. Bajaba. Una niña en un columpio.- Ah… Así... Te mueves bien... Sigue…

 Subió hacia mis pechos. Los acariciaba suavemente. Yo estaba en un trance profundo. El tiempo pasó rápido y lento. Mi ritmo se acelero. Agarre su mano derecha contra mi pecho. Mi corazón iba acelerado. Le sonreí de una forma que le complació. Regreso a mordisquear mis pezones. Le habían encantado. Todo daba vueltas a mi alrededor. Moría. No. Era el placer que sentía. No, sentíamos.

-¡Bésame!-  Le dije desesperadamente. Se sorprendió. No se lo esperaba.-Ya llega… ¡Hazlo!
-Aprendes rápido… - Sentía las contracciones de mi interior.- Aaa…Si…
-Hablas demasiado…- Acelere un poco mas mi movimiento.- Si lo quieres… ¡Hazlo!

Le di en la llaga. Lamio mi cuello. Lo beso. Devoro mi boca. Lo quería. Era suya. Le pertenecía. El punto culmino llego. Sentí un líquido caliente derramándose en mi interior. Él sonreía mientras seguía besándome. Me abrazo con ternura. Había acabado o no.

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