lunes, 7 de octubre de 2013

Comienzo

~ La carretera estaba abarrotada de coches. Llevaban horas ahí parados. Algo les impedía avanza. Un ser de grandes dimensiones les bloqueaba el paso. Sonreía de forma siniestra. A su lado acumulaba cadáveres. Se los estaba comiendo. De entre los vehículos, surgen jinetes sin cabeza. Corrían al encuentro de ese ser, montados sobre unos caballos castaños. Sus capas verdes llamaban la atención. Luego la escena cambia radicalmente. Una ciudad invadida por esos seres devorando a sus habitantes. ~

Despertó de golpe. Asustada encendió la luz. El sueño le había impresionado demasiado. Aun sentía el olor de la sangre. Había sido tan real. Intento calmarse. No lo consiguió. Las lágrimas emergieron de sus ojos. Era imposible. Podía suceder en cualquier momento. ¿Cuándo? Sus sueños, casi todos, se cumplían. Lo escribió en su diario. La mano le temblaba. Seguía impactada por ellos. Con algo de dificultad termino de apuntarlo.  Hizo un boceto de aquella criatura horrenda. Se le parecía, pero los sueños son borros y caóticos. Volvió a dejar la libreta y el bolígrafo sobre la mesita. Un gran estruendo la sobresalto más de lo que estaba. Las luces, tanto del exterior como del interior, se apagaron. Unos gritos de asombro, la hizo asomarse por la ventana. La gente miraba a un punto concreto en el horizonte como si estuvieran hipnotizados. No lograba verlo. Fue hacia el balcón para ver lo que era.  Aguanto el grito de terror. Su sueño se estaba cumpliendo. Despacio se fue al interior del hogar. Su instinto la alertaba. Debía huir de la ciudad. En una mochila metió lo necesario y su diario. Se la puso en el hombro. Agarro una de sus chamarras y se calzo. Salió con lo puesto, el pijama. No había tiempo para vestirse en condicione. Pronto empezaría. La gente transformándose en esos seres. No quería estar allí cuando eso ocurriese. No cogió el coche, ni ningún medio de transporte. Prefirió ir andando por la calle. Así no llamaría mucho la intención. Estaba todo muy tranquilo. Eso le ponía de los nervios. Acelero el paso. Vio algunas personas deambular. No entendía nada. ¿Qué estaba sucediendo? La situación la asustaba. Un rayo surgió del cielo estrellado. Llego el momento de correr.

El ejercito rodeo la ciudad. Nadie podía salir ni entrar. Habían declarado el estado de cuarentena. Los helicópteros volaban de un lado a otro. De vez en cuando se escuchaba un disparo o un grito de algún soldado. Debían estar en su puesto, hasta nueva orden. Ella segura de su lejanía. Se cambio rápido de ropa entre unos matorrales. La noche era fría y el pijama no era un buen conductor del calor. Lo metió a la mochila hecho una bola. Ahora, ¿A dónde iría? No tenía ningún conocido ni familiar en otras ciudades. Empezaría de nuevo en otro. ¿Cómo? Ya lo averiguara por el camino. Aun quedaba varios kilómetros para la siguiente. Tardaría mucho en llegar. Maldijo por no coger el coche. En los pies se le habían hecho ampollas. Le dolían. No muy cerca de allí había un antiguo hospital. Por lo que había escuchado. Lo estaban cerrando y solo lo mantenían para las urgencias. Fue hacia allí. Varios camiones militares pasaron a su lado. Iban en dirección contraria y velocidad máxima permitida. Hecho un último vistazo a atrás. Los helicópteros habían caído y los disparos eran más frecuentes. Esas cosas los habían sobrepasado. Estábamos perdidos. Era el fin. Un soldado montado en una moto llego  a su altura. Traía muy mala cara. Estaba huyendo. Paro  a su lado sin apagar el motor.

-¡Sube!- Grito.- ¡Debemos avisar al agente del hospital! ¡Han sobrepasado nuestras líneas defensivas! ¡Se están acercando!- Miro de reojo atrás. Estaba alterado e ido.- ¡No tenemos tiempo!

Se monto tras él. Le había transmitido su miedo y andando no llegaría  a ninguna parte.

Dormitaba en uno de los cuartuchos para el personal. Despertó al escuchar un fuerte ruedo en el exterior. Se incorporo. Al poco, aporreaban su puerta con ansia. ¿Por qué no le avisaban por el busca? Los gritos le alarmaron. No eran normales. Eran gritos de horror. Abrió la puerta. No era su enfermera, sino una mujer ajena al hospital. Respiraba con dificultad, como s hubiese corrido larga distancia. Al poco lo vio. Una gran mano acercándose  hacia ellos. Estaba a punto de alcanzarlos. La aparto de su trayectoria. Después echaron a correr en busca de un lugar seguro. Pues habían derribado las paredes del pasillo. Unos seres humanoides de unos tres metros entraron a paso lento.

-¿Qué son esos seres?- L e pregunto mientras intentaba abrir una de las puertas.
-No lo sé.- Vigilaba la retaguardia.- ¿Humanos? Salí antes de… -Uno de ellos hizo su aparición.- ¡Ya vienen!
-¡Ven! ¡Por aquí! –La agarro del brazo al abrir la puerta de las escaleras de emergencia.- ¡A la azotea!

Sus ojos se abrieron como platos. Estaban atrapados allí. Atracaron la puerta con una barra de hierro. Así ahorrarían tiempo. En la azotea había un helicóptero. Él buscaba la forma de encenderlo. Lo había hecho muchas veces en su juventud. Buscaba los cables adecuados. Con esa luz no podía distinguirlos. Sus colores eran demasiado oscuros. Ella lo observaba con cierto nerviosismo. Él hacía lo mismo, pero de reojo. ¿Qué hacía allí y porque salió de la ciudad? Los encontró. Las chispas al juntarlos lo indicaba. Puso en marcha el helicóptero. El ruido de las hélices llamo la atención de esas criaturas. Se volvieron más agresivos. Quienes los seguían derribaron la puerta.

-¿Sabes pilotar esto?- Estaba asustada.-
-Sí, -Se ato el cinturón de seguridad.- mi padre- Endureció la voz al decirlo.- me enseño.

Ella no pregunto más. Se ato el cinturón con dificultad. Sus nervios la jugaron una mala pasada. Él comprobó los indicadores del panel. Todo estaba perfecto. Tomo la mano y lo inclino hacia sí. Empezaron a elevarse. Desde su posición, el panorama era terrible. El ejército no conseguía acaba con ellos. Eran invencibles. Sus armas no les hacía nada. Cientos de tanques llegaban desde la base militar. Acabarían con ellos como fuese. Si hacía falta, destruirían la ciudad.

Tras varios kilómetros, ya no les quedaba mucha gasolina. Debían aterrizar cuanto antes. Busco un lugar adecuado para hacerlo, un campo de trigo. Ella se asusto. Había hecho un movimiento brusco que la despertó. Se agarro fuerte a los brazos del asiento. No se tranquilizo hasta que no estuvo en el suelo. Él rebusco dentro del vehículo. Se alegro. Algo útil para el camino, un maletín medico. Luego se fijo en ella.

-¿Qué llevas en esa mochila? –Le señalo la espalada.
-¿Em?- Se agarro a ella.- Ropa.- Se alejo un poco.- ¿Por qué pregunta?
-Curiosidad. –Se encogió de hombros. También se percato de su movimiento. - ¿Cómo supiste donde estaba?
-La enfermera... –Se le fue un poco la voz.- nos lo dijo. No llego a…
-No hace falta.- No quería saberlo. Su distancia aumento.- ¿Vas hacia aquel pueblo? –Ella afirmo con la cabeza.- Voy contigo.
-¿¡Cómo!?- Exclamo. Ella acostumbraba ir sola a los sitio. No le gustaba mucho la compañía de aquel hombre.
-Si vas sola, te seguirán. –El rostro de ella transmita duda y disgusto.- Porque te han visto conmigo. No lo preguntes. Es muy largo de narrar.

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